martes, octubre 16, 2007

MERCEDES. El juez Marchió, habla luego del robo sufrido. “Hasta saquitos de té se llevaron”

MERCEDES, Octubre 16, (PUNTO CERO-El Nuevo Cronista) El pasado lunes, pasada la medianoche, la familia del juez Luis Marchió vivió horas angustiantes. Dos delincuentes encapuchados ingresaron a su domicilio mientras dormían y, mediante amenazas con armas de fuego, se alzaron con todo lo que estuvo a su alcance: “hasta saquitos de té, se llevaron”, expresó el juez.
Consultado sobre lo vivido en esas horas angus-tiantes el doctor Luis Mar-chió, relató que “a eso de las 12.20 horas, estábamos durmiendo y entra un sujeto encapuchado -con guantes- y nos despierta. Primero a mi señora, después a mí, con una linterna y un revolver en la frente nos dice: ‘es un asalto’ y nos pide que nos portemos bien. Mi señora -un poco sorprendida- sin querer hace un ademán, puso la mano hacia delante y le pegaron una cachetada. Fue la única agresión” agregó el juez.
“No fue una trompada. Mentiría si dijera que emplearon un poquito de violencia más de la necesaria”, acotó.
En su relato Marchió destacó que los delincuentes en todo momento se mostraron seguros, “sabían hacer su trabajo”.
De lo expresado por el camarista se desprende que había una cadena de mando, ya que uno era el que llevaba la voz cantante y el otro se limitaba a acompañar. El que daba ordenes le dijo al Juez que habían sido ‘entregados’ y que su misión era ‘matarlo’. “Si bien vos haces muchas cosas buenas, también haces alguna malas” lo sentenció el mal viviente para amedrentarlo más.

Curioso
Al juez Marchió le llamo la atención la manera de expresarse: “Primero me voy a llevar lo mío” le dijo el encapuchado y comenzó a seleccionar lo que robarían.
Para ese momento tanto Marchió como su esposa estaban atados en el piso, boca abajo y esperando lo peor. “En mi estupor, yo estaba esperando el tiro, fui atado primero de manos, boca abajo y después los pies. Nos sacaron dinero, yo no soy de tener dinero en casa pero creo que el haberlo tenido nos salvó la vida”, confesó. Tirado en el piso y sofocado porque le habían cubierto la cabeza, Marchió les informó a los delincuentes que le faltaba el aire. Uno de ellos, se acercó, le corrió la manta y serenamente le comentó: “así estás mejor”.
El reconocido magistrado calcula que los delincuentes se llevaron ocho mil pesos que había extraído del banco, más mil de su hijo y algunos dólares, “dinero que casualmente había en la casa porque tenía que realizar algunos pagos”, añadió.
Quien parecía ser el jefe les había comunicado al matrimonio que no tenía apuro “tenemos hasta las 6 de la mañana” nos dijo y “se fueron 5 menos 10”.

Todo
Tanto Marchió como su señora estuvieron muy tensos y preocupados las casi cinco horas que se prolongó el hecho. “Me limpiaron la casa: el televisor, dos relojes de bolsillo que eran recuerdos de familia, uno de mi abuelo y otro de mi papá, un DVD, una batidora, un piloto, cacerolas, nos sacaron todo. ¡Café! ¡Hasta saquitos de té!”, expresó el camarista. Los delincuentes -se puede conjeturar una banda organizada- cargaron todos los elementos en la camioneta propiedad de Marchió, coordinando los movimientos con gente que supuestamente tenían de apoyo en las inmediaciones realizando la comunicación a través de un handy. La camioneta fue hallada posteriormente en calle 26 entre 15 y 17
Se presume que los delincuentes contaron –además del informe de la extracción del dinero- con un estudio previo sobre las características de la construcción, ya que entraron por la parte de atrás, donde hay un quincho con una pileta, de manera de sorprender al matrimonio mientras descansaba.
Sobre la descripción de los ladrones y el operativo, Marchió asegura que solo puede aportar que: eran jóvenes, de no más de 40 años, 1.70 de estatura, se contactaban con gente de afuera, sin atisbo de rusticidad en su manera de expresarse: su vocabulario respondía a una persona instruida y lo explicaba en estos términos: “Estaba en sus cabales, plenamente, totalmente, no era un drogadicto. En 38 años en la carrera judicial, he escuchado hablar a los presos, el lenguaje de este hombre no es de un preso”, afirmó y señaló: “No puedo certificar que sea cierto lo que me dijo: ´Yo soy un policía que por hacer mal un sumario me echaron, entonces tengo que hacer esto”, señaló. Por último y respecto a la desesperada situación vivida y por el alarmante estado de inseguridad de extrema violencia que se pone de manifiesto, el camarista reflexionó: “Lo que quiero transmitir es la dolorosa sensación, la horrible sensación que se siente en un caso como este.
En estos momentos, no haber sido golpeados, no haber sido matados, haber estado tres horas a merced de delincuentes a esas altas horas que no anda nadie: es un milagro estar vivo”. (PUNTO CERO-El Nuevo Cronista).

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