martes, mayo 24, 2022

Un día como censista. Por Virginia E. Martínez.

 

Soy docente desde hace 20 años y siempre quise experimentar el hacer un censo. Siempre me gustó participar del quehacer de la nación, además de enseñar que ya es un montón.
Desde el momento que se supo que este año se iba a hacer el censo tan demorado por la pandemia, quise participar. Aún a pesar de lo que otros me decían: «para qué lo vas a hacer?», «es una pavada», «seguro no te pagan», «va a ser mucho trabajo, y ¿para qué?», «por $ 6000? Ni loco/a!» 
Decidí entonces, preguntar cómo tenía que hacer para anotarme. Entré a la página y toda entusiasmada completé el cuestionario y al llegar al final, obviamente, no pude. Entonces, una compañera me dice que una amiga de ella necesitaba censistas y me pasó el contacto. ¡Listo! Dije, soy censista. Me dispuse a comenzar la capacitación online y con mucha suerte, y por comenzarla con tiempo, pude realizarla y conseguir mi certificado. Mi prioridad fue hacerlo para poder estar preparada. 
Con mucho interés completé cada autoevaluación y escuché y ví cada video. ¡El entusiasmo era mucho! 
Sin embargo, nunca se me ocurrió pensar que todo lo que iba a pasar no tenía mucho que ver con lo que la capacitación previa. Todo parecía perfecto en la capacitación. Que bajara la APP, que sólo si el celu no te funcionaba o se te apagaba usabas papel. Que, por las dudas, te daban lápiz y goma y una tablita para apoyar los papeles. 
Llegó el día. Levantarse temprano, llegar a la sede, en mi caso la Escuela Nro. 1 de Boulogne (trabajo por esa zona por lo que me contacté con alguien de allí). 7.30 era la hora de reunión porque había que llenar papeles. La idea era salir a las 8 en punto para terminar lo antes posible. 
Cuando llegué la escuela estaba toda avocada a la tarea del censo, compañeros conocidos, saludos y encontrarse con el grupo de cada uno. Mi jefa de radio, Eva y unos seis compañeros más. Me sorprendió la falta de responsabilidad de algunos para llegar a horario, pero también me había sorprendido lo mismo en la reunión pre-censo para reconocer el lugar que nos tocaba y durante el tiempo de preparación en el cuál muchas personas que habían tomado el compromiso se bajaron un par de días antes.
Apenas llegué, con frío y todo, me entregaron la bolsa del censista: una bolsa de friselina estampada, dentro de la misma todo el material prometido (o eso pensé). En la capacitación decía que iba a recibir en la bolsa un lápiz, una goma, un barbijo, un repelente, una tablita, todas las planillas necesarias para poder hacer el censo, una pechera identificatoria y nuestra identificación personal. Recibí un lápiz, una goma, un sacapuntas, una tabla de madera pelada (imaginaba un gancho en la tablita que nunca llegó) la pechera, sí la mía estaba completa, la de algunos compañeros no, hubo que cortar con tijera las tiras que la sostendrían al cuerpo. La identificación era solo un cartel que completaba la jefa de radio. El barbijo y el repelente brillaban por su ausencia. Las planillas por suerte estuvieron presentes. 
Se suponía que cuando llegáramos sincronizábamos los teléfonos a un código que nos permitiría abrir la app y poder realizar todo por el celu. Me llevé el cargador por las dudas si no llegaba con la carga. No pudimos. No pudimos sincronizar nada, no se podía en algunos casos abrir la App, los códigos que nos daban no funcionaban. Los cambiaban y no funcionaban. Tuvimos que salir con las planillas en la mano y rogando no equivocarnos en los recorridos. 
El lápiz era muy duro, especialmente para llenar tantas planillas. Mi callo de la niñez, por apretar el lápiz en la escuela, renació. Por suerte el recorrido me lo marcó correctamente la App aunque no pude entrar para llenar nada por la misma. Debo destacar con mucho placer, que las personas censadas nos atendían con mucho cariño, nos regalaron golosinas, nos permitían sentarnos en los palieres, nos ofrecían agua y algo calentito para beber. Esa fue la parte más satisfactoria de la labor. Muchos habían podido completar el censo on line, y los que no lo hicieron fue porque la plataforma no se los permitió. Eso nos ayudó muchísimo, aunque no pude corroborar si el código que nos daban era correcto. La app no lo permitía.
Mas o menos para las 13,00 horas ya había terminado mi segmento a censar. Vuelvo a la sede y mi coordinadora de radio nos dice que ella nos había preparado un pebete de jamón y queso para comer. El Estado no había previsto el almuerzo para censistas o jefes de radio y fracción y tampoco había tenido en cuenta que no había nada abierto para comprar algo de comida. Imagino que hubiera pasado si Eva no llevaba ese almuerzo para nosotros. (¿?????????)
Cuando vuelvo a la sede, me quedaba completar en las planillas lo que era muy repetitivo, como el nombre de la calle y terminar de completar las planillas que de andar la app no habríamos tenido que hacer. Nos dicen que si logran hacer funcionar la App hay que traspasar los datos de las planillas a la misma. Esperamos. En la espera, fueron llegando el resto de los compañeros, algunos de los cuáles no sabían cómo llenar las planillas. Algunos no habían podido hacer la capacitación, aunque si habían recibido en PDF los archivos para leer. Aun así me sorprendieron algunos comentarios que hicieron mis compañeros: «nunca tuve que escribir tan rápido, ni tanto» (actual alumna de secundario), «no entendí como se llena esto, me decís qué pongo?». En ese momento comprendí todo lo que se perdió en este tiempo de pandemia y los estragos que el celular está haciendo en nuestra sociedad. Pero eso no tenía que ver con el censo sino con la educación que estamos brindando y cómo preparamos a nuestros adolescentes para salir al mundo.
Volviendo al censo, mientras lleno las planillas, me equivoco y borro. La goma comienza a desarmarse. El lápiz debía ser apretado con fuerza para que escribiera correctamente. Debo reconocer que las planillas eran para que las llene cualquiera, eran muy sencillas, si sabías comprender. Tuve que ayudar a varios de mis compañeros a llenarlas. 
No hubo forma de abrir la App. Y en nuestro grupo hubo que salir a ayudar a algunos que se habían retrasado en el recorrido. ¡Terminamos! Sin app. Es increíble cómo se obtuvieron los resultados que se mostraron con tanta celeridad para el censo. ¿Cómo lo hicieron? Si la app no funcionaba tenías que tener a alguien ingresando manualmente toda la información recolectada. Por suerte muchos habíamos hecho el censo online. 
Ahora, yo me pregunto, ¿tan poco importábamos los que trabajamos en el censo que no pensaron en el almuerzo, desayuno o algo para que nos alimentáramos o tomáramos? La gente que estaba en la organización de las fracciones y mas arriba se quedó trabajando hasta las dos o tres de la mañana. ¿Se tuvo en cuenta esto a la hora de organizar el censo desde Nación? Sí, cobraban más que nosotros los censistas, pero ¿valía tanto como para que su responsabilidad fuera mas allá de la hora de cierre del día?
Señor Presidente, ¿Usted está al tanto de los inconvenientes que hubo? Muchos de nosotros no lo hicimos por la plata, pero ¿se preguntó porqué tantos menos docentes se avocaron a la realización del censo? Quizá hubiera sido importante que el dinero que se ofrecía hubiera sido más atractivo, quizá si se hubiera dedicado más dinero hubieran funcionado, para todos, los medios electrónicos.
Si se hubieran previsto los inconvenientes se hubieran podido resolver de otra forma. Hubiéramos, hubiesen… y siempre nos quedamos en eso. 
Por eso es que seguimos siendo un país del tercer mundo, porque no somos capaces de preveer. Porque contamos con muchas cosas en nuestro país para salir adelante, pero no sabemos utilizar lo que tenemos. Seguimos nivelando para abajo. Y así seguimos perdiendo gente que quiere llevar lo que tiene para otros lados, a otros países donde sí se los aprecia. 
Ojalá podamos entender y darnos cuenta de cómo utilizar el conocimiento, en el país para nuestro bien. Los fondos se puedan utilizar correctamente y no queden en el camino en manos de quienes no trabajan para el bien común, Y si lleguen para beneficio de todos.


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