
En el lugar existian previamente una serie de locales comerciales bajo cuyo techado se refugiaban los usuarios de distintos ramales de las líneas 176, 440 y 391.
Comenzada la construcción del emprendimiento antes mencionado los pasajeros quedaron a merced del sol y la lluvia con la resignación que suponía temporarias las molestias sufridas. Era lógico deducir que una empresa de la magnitud de Easy subsanaría a la brevedad los inconvenientes producidos a los usuarios, lamentablemente no fue así.
Terminada la gran obra se puso de manifiesto la falta de solidaridad de la empresa hacia los vecinos de la zona que siguen esperando los colectivos a la intemperie.
Con apenas un poco de buena voluntad esta situación puede ser revertida en lo inmediato, a Easy, obviamente, no le faltan personal ni materiales y si a ello se le agrega una cuota de inteligencia cada refugio puede sumar una permanente y efectiva publicidad.
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