Está ubicado en Misiones y Scott, en Bella Vista. Es un edificio nuevo y tiene cinco consultorios, que incluyen un moderno sillón odontológico. Su nombre lo debe a una vecina de esta ciudad que murió de cáncer en 1988, luego de negarse a recibir quimioterapia durante su embarazo. En el emotivo acto habló su marido y estuvo presente su hijo, que hoy tiene 23 años.
En el imaginario colectivo, tanto local como de la mayoría de la sociedad de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, decir Bella Vista implica representarse una zona de quintas y casas grandes, habitadas por familias numerosas de clase media y media-alta. Esto es una verdad, pero a medias. Porque dentro de los límites de esta ciudad conviven varias “bellas vistas” diferentes, aunque muchos no lo quieran ver. Barrufaldi es Bella Vista, Obligado es Bella Vista y, sin ir tan a los extremos, barrios de clase media-baja, como Jorge Newbery (detrás del country San Miguel de Ghiso) o el que rodea a Puerta 4 también lo son.
Desde siempre hubo personas que lucharon por acortar las distancias entre estas realidades tan distintas. Una de ellas fue Susy Barthalot, una vecina de la Bella Vista “acomodada” que durante muchos años (junto a instituciones religiosas) hizo un fuerte trabajo social en el barrio Obligado. Hoy Susy está en silla de ruedas, aquejada por un Parkinson que le viene haciendo las cosas difíciles, pero que no le impidió estar el sábado a la mañana en un acto que la hizo emocionar: la inauguración de un nuevo centro de atención primaria de la salud que lleva el nombre de su hija Ana Teresa y está ubicado sobre la calle Scott, a metros de su cruce con Misiones. Un lugar que, desde su nombre mismo, apunta a unir y achicar diferencias.
Un salto de calidad
Este centro reemplaza al que funcionaba desde varios años atrás en la Sociedad de Fomento Bella Vista Norte, situada en Misiones y Sourdeaux. En un espacio muy reducido, allí había dos consultorios y un pasillo de espera mínimo. La nueva sala, en tanto, está sobre un lote de grandes dimensiones, y su flamante edificio incluye cinco consultorios, para pediatría, clínica, ginecología, enfermería y odontología, este último dotado de un sillón de última generación. Además, tiene una cómoda administración y una sala de espera para 20 personas.
La idea del nombre surgió del intendente, Joaquín de la Torre, y de su hermano Pablo, pediatra y director de los centros de atención primaria del distrito. Ana Teresa Barthalot nació en 1964; se casó muy joven y un par de meses después se enteró de que estaba embarazada. La buena noticia fue empañada apenas un mes más tarde, cuando le dijeron que tenía un cáncer en el bazo. Había un único tratamiento posible: la quimioterapia, con riesgo prácticamente total de pérdida del embarazo. Pero ella eligió a su hijo, rechazó la quimio, a los seis meses fue operada para sacarle el bazo y tuvo a su bebé normalmente. No se contentó con eso, y les pidió a los médicos dos semanas para amamantarlo. Luego sí, comenzó el tratamiento y peleó por su vida todo lo que pudo, hasta que murió poco antes de que Juan Pedro cumpliera un año.
“Ver este lugar con el nombre de Ana me pone muy contento, porque aquí se va a cuidar la vida, y Ana amó la vida con mucha alegría”, dijo su marido, Ricardo Dato, en el acto de inauguración. A su lado, Juan Pedro, que hoy tiene 23 años, apenas podía contener la emoción. Adentro, en la sala de espera, se lo ve en una foto mientras su madre lo amamanta.
Luego habló el intendente: “Cada vez que se inaugura una obra, los nombres se repiten, aquí y en casi todo el país. Yo creo que hay que destacar a gente valiosa que ha vivido en su tierra, y acá hay personas así. Ana Barthalot fue una de ellas. Ana no ha sido más que el producto del ejemplo de su familia, que está aquí con nosotros. Creo que es justo el homenaje y la idea de mi hermano Pablo de ponerle su nombre a este lugar. A mí me tocó acompañar a Ricardo en aquellos fomentos y por eso no es un momento fácil para mí”.
En otro orden, De la Torre se refirió a la entidad que albergaba al centro de salud hasta ahora: “Quiero agradecer a la sociedad de fomento Bella Vista Norte por permitir que durante tantos años funcionara un centro de salud municipal allí. Y al personal médico y no médico que trabajó en condiciones que no eran las óptimas.
Cumplimos con un deber moral, que es darle a los vecinos un lugar mejor para atender su salud”.
Finalmente, dijo que antes de que finalice su mandato inaugurarán otros dos centros de salud: “Cuando asumimos había 14 en todo el distrito, que durante estos tres años hemos refaccionado por completo. Con los que ya abrimos y los dos que nos restan, vamos a terminar este año con 19. La salud pública y gratuita, eso defendemos, siempre pensando en los que nos pueden pagar y necesitan de esto”. (ASM).
En el imaginario colectivo, tanto local como de la mayoría de la sociedad de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, decir Bella Vista implica representarse una zona de quintas y casas grandes, habitadas por familias numerosas de clase media y media-alta. Esto es una verdad, pero a medias. Porque dentro de los límites de esta ciudad conviven varias “bellas vistas” diferentes, aunque muchos no lo quieran ver. Barrufaldi es Bella Vista, Obligado es Bella Vista y, sin ir tan a los extremos, barrios de clase media-baja, como Jorge Newbery (detrás del country San Miguel de Ghiso) o el que rodea a Puerta 4 también lo son.
Desde siempre hubo personas que lucharon por acortar las distancias entre estas realidades tan distintas. Una de ellas fue Susy Barthalot, una vecina de la Bella Vista “acomodada” que durante muchos años (junto a instituciones religiosas) hizo un fuerte trabajo social en el barrio Obligado. Hoy Susy está en silla de ruedas, aquejada por un Parkinson que le viene haciendo las cosas difíciles, pero que no le impidió estar el sábado a la mañana en un acto que la hizo emocionar: la inauguración de un nuevo centro de atención primaria de la salud que lleva el nombre de su hija Ana Teresa y está ubicado sobre la calle Scott, a metros de su cruce con Misiones. Un lugar que, desde su nombre mismo, apunta a unir y achicar diferencias.
Un salto de calidad
Este centro reemplaza al que funcionaba desde varios años atrás en la Sociedad de Fomento Bella Vista Norte, situada en Misiones y Sourdeaux. En un espacio muy reducido, allí había dos consultorios y un pasillo de espera mínimo. La nueva sala, en tanto, está sobre un lote de grandes dimensiones, y su flamante edificio incluye cinco consultorios, para pediatría, clínica, ginecología, enfermería y odontología, este último dotado de un sillón de última generación. Además, tiene una cómoda administración y una sala de espera para 20 personas.
La idea del nombre surgió del intendente, Joaquín de la Torre, y de su hermano Pablo, pediatra y director de los centros de atención primaria del distrito. Ana Teresa Barthalot nació en 1964; se casó muy joven y un par de meses después se enteró de que estaba embarazada. La buena noticia fue empañada apenas un mes más tarde, cuando le dijeron que tenía un cáncer en el bazo. Había un único tratamiento posible: la quimioterapia, con riesgo prácticamente total de pérdida del embarazo. Pero ella eligió a su hijo, rechazó la quimio, a los seis meses fue operada para sacarle el bazo y tuvo a su bebé normalmente. No se contentó con eso, y les pidió a los médicos dos semanas para amamantarlo. Luego sí, comenzó el tratamiento y peleó por su vida todo lo que pudo, hasta que murió poco antes de que Juan Pedro cumpliera un año.
“Ver este lugar con el nombre de Ana me pone muy contento, porque aquí se va a cuidar la vida, y Ana amó la vida con mucha alegría”, dijo su marido, Ricardo Dato, en el acto de inauguración. A su lado, Juan Pedro, que hoy tiene 23 años, apenas podía contener la emoción. Adentro, en la sala de espera, se lo ve en una foto mientras su madre lo amamanta.
Luego habló el intendente: “Cada vez que se inaugura una obra, los nombres se repiten, aquí y en casi todo el país. Yo creo que hay que destacar a gente valiosa que ha vivido en su tierra, y acá hay personas así. Ana Barthalot fue una de ellas. Ana no ha sido más que el producto del ejemplo de su familia, que está aquí con nosotros. Creo que es justo el homenaje y la idea de mi hermano Pablo de ponerle su nombre a este lugar. A mí me tocó acompañar a Ricardo en aquellos fomentos y por eso no es un momento fácil para mí”.
En otro orden, De la Torre se refirió a la entidad que albergaba al centro de salud hasta ahora: “Quiero agradecer a la sociedad de fomento Bella Vista Norte por permitir que durante tantos años funcionara un centro de salud municipal allí. Y al personal médico y no médico que trabajó en condiciones que no eran las óptimas.
Cumplimos con un deber moral, que es darle a los vecinos un lugar mejor para atender su salud”.
Finalmente, dijo que antes de que finalice su mandato inaugurarán otros dos centros de salud: “Cuando asumimos había 14 en todo el distrito, que durante estos tres años hemos refaccionado por completo. Con los que ya abrimos y los dos que nos restan, vamos a terminar este año con 19. La salud pública y gratuita, eso defendemos, siempre pensando en los que nos pueden pagar y necesitan de esto”. (ASM).
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